
DAVID

MARCOS
Navidad de 1980. Son las primeras de mis hijos como escolares, y con ellas felicitamos a los abuelos que entonces vivían en Cangas. Aún recuerdo su primer día de escuela.
Primero acompañe a David e hicimos cola dentro de la clase hasta que la "seño" (Ascensión) nos dijo a las mamás que nos podíamos retirar, ella los iría colocando en los pupitres. Salimos, pero nos quedamos observando desde los grandes ventanales, y cuando David se da cuenta,veo que con la manga se limpia las lágrimas. Dios mío, ¡que pena me dio verlo tan triste y tan resignado! aquel gesto se me clavó en el alma.
En la clase de al lado dejo a Marcos, y cuando ve que me voy, se tira al suelo y se pone a llorar y a patalear; la seño con la mano me hace el gesto de que salga, y acto seguido, la introduce en el bolsillo y le da unos cuantos caramelos. Se le acabó el llanto y el pataleo.
Ellos no fueron a la guardería por varias razones, pero la principal era porque yo no trabajaba.
Creo que fue una equivocación ,pues los niños necesitan relacionarse entre ellos, y los mios tenían muy poca con otros que no fueran sus primos y algún vecino. Marcos se adaptó enseguida a todo lo que el cole conlleva, a David siempre le costó más, pero bueno, ahí están, y esto me lleva a pensar en las incongruencias y lo injusta que es la vida. Yo, que estaba loquita por estudiar, no pudo ser, y ellos que lo tenían a su alcance, no quisieron,¿que le vamos hacer?.
Yo sé que todos los trabajos son dignos, porque cumplen una función que, en mayor o menor medida, son necesarios a nuestro semejantes, pero soy de la opinión de que el saber no ocupa lugar, aunque solo sea para satisfacción propia.