martes, 18 de enero de 2011

LAS NUECES


En una esquina de la era, teníamos un centenario y enorme nogal, al que me encantaba subirme, a pesar de la dificultad que tenía para ello, aunqe acedíamos a las ramas más bajas, que lindaban con el camino vecinal, a través del muro que separaba el mismo de la era.
Un día que estaba muy arregladita y muy mona, no sé porqué motivo, y que aún no era la hora de salir,  para entretenerme se me ocurre subir al muro para cojer unas nueces ,que entonces ya estaban formadas, pero aún tenían aquella cáscara verde y gruesa, que poco a poco se iba secando,  volviéndose fina  y como de piel negra , lo que indicaba que era el momento de varearlas del  del nogal.
Pero yo, lista de mí, en mi impaciencia les quise sacar la cáscara verde, y me puse las manos y el vestido  que...¡paqué!.
El vestido era el de esa foto, del cual estaba muy orgullosa, porque era de un amarillo canario, y las margaritas eran bordadas superpuestas en terciopelo marrón. En la falda tenía tres en diagonal: la de la cadera tenía como una hoja despredida, la del centro de la falda, dos, y la del borde del dobladillo, tres. Como si a la margarita, en su trayectoria, se le fueran soltando sus hojas. Era una obra de arte de la bordadora.
Evidentemente, me vi obligada a cambiar de modelo.

lunes, 17 de enero de 2011

ECCEMA

Mis tíos. Foto tomada en 1999.Cuarenta años después de lo que relato a continuación.

En mi cambio hormonal de niña a mujer, me salió en ambas axilas un eccema húmedo; ¡que mal lo pasé!.
Después de un montón de tratamientos, todos ellos inefectivos, me dieron un ungüento viscoso y negro, como el alquitrán.
 Mi madre me lo ponía y mi padre soplaba, porque escocía  como una mala cosa; luego ponía un pañuelo de mi padre en cada axila, para que no me impregnara la ropa.
Estaba haciendo este tratamiento, cuando fui a pasar unos días a "El Pedregal," una finca del barrio de Santa Cruz, en el Valle de Oro, a unos cuarenta kilómetros hacia el interior.
Allí vivían la tía Matilde, que era hermana de mamá, el tío Ambrosio, y sus hijos: Emília, Vicente (Tito) y Matildita. 
Como Emy y yo somos de la misma edad, y nos entendíamos muy bien durante el verano  estábamos, ahora en su casa ahora en la mía, y lo pasábamos genial.
A mi,  el entorno de  "El Pedregal" me recuerda la pradera que se describe en mi  último verso.
Total ,que estando allí el eccema se  curó , no terminé ni de ponerme la pomada; se supone que el clima más seco, según el dermatólogo, fue determinante.
Como era una creyente practicante(sigo siendo lo primero,  pero lo practico menos), con esto, y con lo de los erizos, hice la promesa de llevar, durante año y medio, el hábito de la Virgen de Fátima, que consistía en vestir de blanco, con un cordón de fraile a la cintura. ¡Ah!, y no bailar durante ese tiempo.

domingo, 16 de enero de 2011

EL CANTÁBRICO: RISAS Y LÁGRIMAS

                                                      A Louseira

Los alicientes que teníamos durante el verano eran: la playa y las fiestas campestres.
Por nuestra edad, aún adolescente, nos inclinábamos más por la playa, donde siempre lo pasábamos  muy bien; después de comer, con el bocadillo de la merienda en una bolsa, allí, además de encontrarnos con los del pueblo,también había otros jóvenes de nuestra edad que venían en autocar desde  poblaciones del interior, y pasábamos la tarde contando chistes, jugando al pañuelo, al pillo-pillo, a los disparates, saltando a la comba,(al bajar la marea va dejando mojada la arena y se salta muy bien),
y sobre todo,bañarnos y apostar por quién llegaba más mar adentro. Si el día era triste, nos juntábamos en casa de Luisa, que vivía  más en el centro y nos pillaba bien a todas, nos subíamos al desván, y nos poníamos la ropa de Consuelo y Regina, sus hermana mayores, y representábamos algun cuento, como si de una obra de teatro se tratara. La pena es que no teníamos público, pero nos lo pasábamos muy bien.
Durante la semana solo nos acercábamos al mediodía antes de comer para darnos un baño; al volver, mis padres ya estaban haciendo la siesta, nosotras comíamos y también subíamos hecharnos un rato, pero la mayor parte de las veces, lo que hacíamos era reirnos y armar juerga, para desespero de mi madre y por cuyo motivo, en más de una ocasión, nos ganamos algún cachete.
Un día amaneció lluvioso, y dábamos por hecho que de playa NADA, pero a media mañana salió un sol luminoso, y allá nos fuimos.
Después de jugar un rato, decidimos bañarnos; cuando volvimos a la orilla y nos vamos a tumbar, nos damos cuenta de que faltaba Maricarmen; instintivamente miramos hacia el mar, y vemos algo flotando allá a lo lejos. Corrimos hacia un peñasco donde estaba sentado D. Secundino, quien al vernos, vino hacia nosotros, pues se dió cuenta enseguida que "algo" pasaba. Ninguno podíamos hablar, y todos señalamos hacia el mar; sin preguntar, se lanzó hacia aquel punto, que cada vez se veía más lejos. La salvó de milagro.
Yo estaba muy afectada , porque era la mayor del grupo, y en parte, me sentía  un poco responsable. Luego me hicieron ver que el problema fue un corte de digestión, pues "la niña" se tomó un bacocata de tortilla francesa, y no esperó a digerirla.
Otro  día que teníamos poco rato para el baño, decidimos quedarnos en una cala, A Louseira ,que nos quedaba más cerca, pero a la que no solíamos ir, porque en vez de arena tiene xógaras (piedras)
pero como solo queríamos bañarnos...decidimos quedarnos.
Después de nadar un rato, yo quise hacer pié,y...¡si,si, lo hice! puse los dos encima de un montón de erizos.
Mis amigas se turnaban para llevarme a casa subida a sus espaldas, pues no podía apoyar los pies, toda la planta de los mismos estaba llena de púas de los erizos.
Ya en casa, mi madre me las fue sacando con las pizas de depilar,
pero muchas de ellas estaban muy incrustadas, y era imposible;  luego el mismo organismo las fue expulsando paulatinamente. Lo pasé francamente mal, no podía estar de pie, porque además del dolor, me mareaba.
¡Con lo que me gustaban los erizos!

HIGIENE PERSONAL

En mi niñez sabíamos lo que era un cuarto de baño por el cine. Si en las casas no había agua corriente ¿cómo poner cuarto de baño?.
Generalmente en un pasillo, dormitorio o cualquier esquina desaprovechable, se colocaba una especie de trípode alto, con una palangana y una jarra de agua al lado y ¡hala!, apáñatelas como puedas.
Para la higiene corporal, se ponían unos barreños redondos, de más diámetro que altura, en la esquina de una cuadra, se llenaban de agua templada y...¡a nadar! ja,ja,ja. Después de enjabonadas nos poníamos de pie, cojíamos una jofaina que teníamos al lado con agua más caliente, y nos aclarábamos, siempre que al bañarnos no nos pasáramos con el jabón, si era así, nos quedaban burbujitas por todo el cuerpo, o sea, quedábamos a medio aclarar, pero no había tiempo de repetir, porque el agua se enfriaba.
Como resultaba bastante incómodo, en invierno no nos bañábamos cada
cada día.
La sesión de peluqueria era en el dormitorio.Yo tenía el pelo largo, y me gustaba mucho cambiar de peinado. Era bastante habilidosa para ello.

sábado, 15 de enero de 2011

DESPISTE IMPERDONABLE

Si señor, ¡imperdonable! pues creo que en la vida de toda mujer, hay dos factores fisiológicos que nos marcan:
1º - Cuando dejamos de ser niñas.
2º - cuando somos madres.
Yo de entrada me saltaba el primero, del que, la verdad, no tengo ni mal ni buen recuerdo.
Como leía todo lo que pasaba por mis manos,- que tampoco era mucho- estaba algo más instruida  en el tema  que alguna de mis amigas, y
tenía una ligera idea (luego comprové que ligeriiisima) de  lo que me esperaba, pero por lo menos, no me asusté, ni pesé que había "reventado"
por dentro, como les pasó a algunas. Además, Carmen Pardeiro, una chica del taller  tres o cuatro años mayor que yo, amplió un poco más mis conocimientos.
De todos modos, cuando estaba "con el fregado" mi madre, con su 6º sentido lo captó, y entonces me explicó todo lo que me tenía que explicar.
Me faltó tiempo, para contarles a las amigas, que aún no habían vivido la deseada experiencia, y que cada una la había oido a su manera, pavoneándome como una experta. Además, mi madre me lo  habia contado
TODO, y aquello...¡vamos! iba a misa.

AGUJA Y DEDAL

 Desde muy niña sentí inclinación por las labores. Todas, sin excepción,pero coser...como que no era lo mío; sin embargo,casi todas las niñas del barrio pasamos por el taller de Dora, una de las hijas de la tía Esperanza, y mi madre creyó que, a mis doce años, no era edad para pasar parte de las tardes del verano perdiendo el tiempo por el barrio, por lo que consideró oportuno que , cuando menos, aprendiera a enhebrar una aguja y sobrehilar.
Aún sin poner mucho entusiasmo, reconozco que me vino muy bien, para mi uso personal, tener unas nociones de costura que más tarde amplié(también en horas perdidas) yendo a una academia de corte y confección
y que luego puse en práctica en más de una ocasión.
Lo que más recuerdo de esa época,era cuando la señora Carmen , madre de mi amiga Albina, que también venia al taller, hacía su hornada -entonces todos teníamos horno de leña en casa para este menester - pero ella también hacía de maiz, que a mí me encantaba, y como en casa solo cociamos trigo ella la decía a su hija que me pasara por allí para darme un trozo .

martes, 11 de enero de 2011

EL CINE

Tenía unos...doce años, cuando empezó a venir los Domingos un señor con su hijo, portadores de una cámara de cine ambulante, que proyectaba sus películas en la sala de baile del pueblo.
El cine tuvo mucha aceptación, pero Miguel-Angel, el hijo del señor, muchiiiiisima más, sobre todo entre las niñas de mi edad, que ya empezábamos a mirar a los niños.
Para nosotras - en general -, el cine fue un problema, porque teníamos que escoger entre  ver una película, o seguir aumentando la colección de cuentos, ya que los padres de todas, se negaron en redondo a aumentar nuestra escasa semanada. Y claro, teníamos que elegir, y esto, inevitablemente, dividió un poco al grupo.
Luisa, Marisol, Conchita y yo-las más lectoras- seguimos con los cuentos, y el día que el titulo de una peli nos llamaba la atención  o nos gustaban los protagonistas, hacíamos el cambio.
Por cierto, la primera vez que subieron el precio, de tres a cinco pts, a Canduche, que era de las cinéfilas, no le aplicaron la nueva tarifa.
Como de todo el grupo era a la que más le gustaba Miguel-Angel (aunque hasta que no apareció le gustaba Carlitos del Salgueiro) ya en el mismo cine empezamos a tomarle el pelo, y al día siguiente en la escuela le hice llegar  hasta su pupitre, situado a mi derecha, un papelito que decía:
Canduche é muy guapa
e está muy contenta
pois pode ir o cine
por solo tres pesetas.
aunque por Migel-Angel
está muy ilusionada
de Carlos de Vilamor
aínda sigue prendada.
No sé si yo lo hice con poco disimulo, o es que la seño me conocía mucho,
(seguro que de todo un poco). El caso es que,antes de que la destinataria  desdoblara mi misiva, la seño ya la había interceptado y leído.
Yo creo que, en el fondo , le hizo gracia , pero como no me la podía reir, con mucha traquilidad, y sin enfadarse, al tiempo que se daba la vuelta y  rompía la hoja dice:
" Vaya, vaya. Resulta que tenemos en clase una poetísa. ¡ Y yo sin enterarme!.
Lección aprendida. No volví a poner ninguna nota.